sábado 16 de diciembre de 2006

El misterio de las Cookie Jars

Si me planteo decidir entre qué me gusta más, si cocinar o leer (y tener) libros de cocina, siempre me quedo sin saber qué decir. Porque por más libros que compro, y acumulo, sabiendo que, aunque tuviera veinte vidas jamás podré hacer, aunque sólo fuera una única vez todas las recetas que se amontonan en mis estanterías, no puedo evitar enamorarme cada cierto tiempo de "El libro", el definitivo, ése que sí que voy a usar mucho, muchísimo, del que haré si no todas, casi todas las recetas. Luego nunca es así, pero bueno. Disfruto demasiado pensando que será así, y leyendo las recetas y, ¿qué demonios?, haciendo algunas de ellas. Como dice alguien que me conoce bien, de cada libro de cocina que tengo, al menos, una receta sí que he hecho, y me ha salido bien. Lo que no está mal, después de todo...

Este libro lo encontré en un viaje a Estados Unidos de hace tres años. Un viaje que iba a ser genial y terminó siendo el peor de toda mi vida. Pero de aquello me traje un par de libros de cocina, éste entre ellos. "Cookies". Mmmmmm...., que diría Homer Simpson. Nunca me había planteado hacer galletas (¿qué español haría galletas cuando están las Marías en el Carrefour, o los surtidos Cuétara para cuando vienen visitas a tomar café?). Pero a mí me gustaba la idea de hacer mis galletas, comerlas calentitas y luego guardarlas en una bonita caja de lata. Y lo compré.

Cuando me puse a hojearlo, descubrí con angustia que, a pesar de mi inglés más que aceptable, no entendía nada de nada de las explicaciones para hacer las galletas. Hablaban todo el tiempo de "jars", o sea, "frascos", o "jarras", y luego ponían una página en la que repetían parte de la receta varias veces, con líneas de puntos de ésas que indican que hay que recortarlo. Llegué a pensar que eso de las "jars" eran algún electrodoméstico yanki, tipo Thermomix, que aún no había llegado a España. En fin, que por más vueltas que daba al librito de marras, no tenía ni idea de cómo hacer las galletas. Así que, con todo el dolor de mi corazón, porque el libro tenía su encanto en cuestión de ilustraciones y, además, todo sonaba de lo más apetitoso, lo aparqué en mi estantería de libros de cocina, casi resignada a liberarlo en mi próxima tanda de libros de Bookcrossing.

Por suerte, hace unas semanas, buscando otro libro, me topé de nuevo con el libro de las cookie jars, y de nuevo, recordando la rabia que me daba no comprender, me senté y le eché un vistazo. De pronto, como si un relámpago entrara en mi cabeza, lo comprendí todo. Las "Jars", en efecto, eran frascos, tarros de cristal como los de la mermelada, pero más grandes, en los que los americanos, tan apañados ellos, ponen parte de los ingredientes de las galletas, esos ingredientes que se conservan bien y caducan más tarde (harina, azucar, levadura, pasas...). A esos frascos se les añade una etiqueta (que se puede recortar del propio libro), donde se explica qué hacer con la mezcla, qué más ingredientes añadir (huevo, mantequilla...) y cómo hornear y a qué temperatura, o sea, la receta propiamente dicha. Estos tarros se usan en tierras norteamericanas para regalar, y curiosamente también son un clásico entre los estudiantes para sacar dinero, como aquí las papeletas en Navidad, y tambiém se usan como obsequio para dar la bienvenida a un vecino nuevo cuando te presentas diciendo eso tan socorrido y tan falso de "Estoy aquí al lado, para lo que te haga falta...". Vamos que te dan la receta medio hecha, pero te dejan a ti la gracia de la historia, lo más entretenido, algo con lo que ocupar una tarde fría y lluviosa de sábado: hacer la masa de las galletas, darles forma, hornearlas y comértelas.

Ni que decir tiene que después de darme cuenta y llamarme idiota unas cuantas veces, me lancé a hacer una de esas recetas. Me decidí por unas cookies con canela, gengibre, clavo, nuez moscada y pasas. ¿Resultado? Exito total: mis compañeros de trabajo, a los que de vez en cuando sorprendo con alguna sorpresa repostera, me las quitaban de las manos.

Pero, lo mejor de todo, en estas fechas en las que nos obligan a ser sorprendentes y originales con los regalos: una idea curiosa cuando ya no se te ocurre nada para regalar.

2 comentarios:

Arthur dijo...

Buenas Tere, acá estoy leyendo tu sorprendente hallazgo con tu libro de las cookie jars, pues sí, los ynakis prácticamente están avanzados en cuestiones como esa.

Acá en Argentina también venden cosas ya hechas, que viene de U.S.A. Pero no hay mejor que comer (ó usar) algo hecho por uno mismo.

Mirá que acá venden la masa de los pancakes ya hecha, para hacerlos más fácil y en menos tiempo, yo prefiero hacer las cosas yo solo, así sabrán mejor porque las hize yo mismo (se entiende eso?)

Saludotes, abrazotes y besotes.

Sweet Dreams, de todo Corazón:
Arthur

Angelusa dijo...

Vale, Teresa, muy bien. Pero ahora cuéntanos cómo se hacen, anda, bonita...