miércoles, 20 de diciembre de 2006

Cookies (in a jar) con pasas y especias


Esta es la primera de las recetas de "Cookies in a jar" que he probado, después de descubrir en qué consistían. Son unas galletas dulces y especiadas, con la nota de la canela predominante, quizás algo alejadas del gusto español, pero ¿por qué no probar nuevos sabores?

Ingredientes:

- 225 grs. de azúcar.
- 280 grs. de harina.
- 1/2 cucharadita de sal.
- 2 cucharaditas de una mezcla de clavo, canela, gengibre y nuez moscada, todos ellos rallados.
- 3 cucharaditas de levadura química.
- 100 grs. de pasas sin pepitas.

Todos estos ingredientes son los que, por capas, se ponen en un tarro de cristal. Lo primero que se pone es el azúcar. Aparte, se mezcla la harina, las especias y la levadura, y esa mezcla se echa sobre el azúcar del frasco, en una segunda capa. Por último, se ponen las pasas y el tarro ya está listo para ser cerrado. Para que quede más aparente, se puede decorar con un lazo, en el que se habrá insertado una etiqueta con el resto de las instrucciones de la receta, con papel de regalo, con un trozo de tela, en fin, al gusto del que regala o pensando en el regalado, que es una postura mucho más generosa, la verdad sea dicha...

La etiqueta que cuelga del frasco explica qué hacer con esa mezcla del tarro. O sea, lo siguiente:

- Precalentar unos 15 minutos el horno a 175ºC.
- Vacíar el contenido del tarro en una ensaladera grande, añadir un huevo batido, y la mantequilla derretida.
- Mezclar bien hasta que la masa esté lista para ser moldeada.
- Hacer bolitas de un tamaño algo más pequeño que una pelota de golf. Ponerlas sobre una bandeja de horno cubierta con papel para hornear, lo suficientemente separadas (en un horno normal, suelen caber unas 9 galletas por bandeja).
- Con un vaso untado de mantequilla en su base y mojado en azúcar, aplastar las bolitas, dándoles forma de galleta redonda.
- Hornear durante unos 10 minutos.
- Sacar del horno y dejarlas enfríar en la bandeja durante 1 minuto.
- Después, ponerlas sobre una rejilla para que terminen de enfriarse. Yo monto un chiringuito en la mesa de la cocina con una rejilla del propio horno colocada sobre dos cartones de leche tumbados, y aunque no es muy glamouroso, funciona: las galletas se enfrian perfectamemente, por arriba y por abajo.
- Se conservan durante más de una semana (si no te las comes antes...) en una caja de lata.

domingo, 17 de diciembre de 2006

Más "Cookies in a Jar"... pero todavía sin receta...

Esta tarde de domingo la he empleado en preparar cuatro frascos de mezcla para cookies, los cuales utilizaré para regalar estas fiestas. Aparte de preparar las cantidades de harina, azúcar, levadura, pasas, etc.. y ponerlas en los tarros de cristal, he estado recortando y cosiendo los trozos de tela para decorar las tapas, traduciendo las recetas del inglés al francés, y copiándolas en etiquetas que irán colgadas de los frascos. Dicho así, del tirón, parecen cuatro cosas, pero me han ocupado toda la tarde. Ya sólo me queda comprar un poco de cinta para atar las telas a las tapas, colgar las etiquetas, y listo.

Prometo foto y receta de las "Cookies in a Jar" tan pronto estén listas.

sábado, 16 de diciembre de 2006

El misterio de las Cookie Jars

Si me planteo decidir entre qué me gusta más, si cocinar o leer (y tener) libros de cocina, siempre me quedo sin saber qué decir. Porque por más libros que compro, y acumulo, sabiendo que, aunque tuviera veinte vidas jamás podré hacer, aunque sólo fuera una única vez todas las recetas que se amontonan en mis estanterías, no puedo evitar enamorarme cada cierto tiempo de "El libro", el definitivo, ése que sí que voy a usar mucho, muchísimo, del que haré si no todas, casi todas las recetas. Luego nunca es así, pero bueno. Disfruto demasiado pensando que será así, y leyendo las recetas y, ¿qué demonios?, haciendo algunas de ellas. Como dice alguien que me conoce bien, de cada libro de cocina que tengo, al menos, una receta sí que he hecho, y me ha salido bien. Lo que no está mal, después de todo...

Este libro lo encontré en un viaje a Estados Unidos de hace tres años. Un viaje que iba a ser genial y terminó siendo el peor de toda mi vida. Pero de aquello me traje un par de libros de cocina, éste entre ellos. "Cookies". Mmmmmm...., que diría Homer Simpson. Nunca me había planteado hacer galletas (¿qué español haría galletas cuando están las Marías en el Carrefour, o los surtidos Cuétara para cuando vienen visitas a tomar café?). Pero a mí me gustaba la idea de hacer mis galletas, comerlas calentitas y luego guardarlas en una bonita caja de lata. Y lo compré.

Cuando me puse a hojearlo, descubrí con angustia que, a pesar de mi inglés más que aceptable, no entendía nada de nada de las explicaciones para hacer las galletas. Hablaban todo el tiempo de "jars", o sea, "frascos", o "jarras", y luego ponían una página en la que repetían parte de la receta varias veces, con líneas de puntos de ésas que indican que hay que recortarlo. Llegué a pensar que eso de las "jars" eran algún electrodoméstico yanki, tipo Thermomix, que aún no había llegado a España. En fin, que por más vueltas que daba al librito de marras, no tenía ni idea de cómo hacer las galletas. Así que, con todo el dolor de mi corazón, porque el libro tenía su encanto en cuestión de ilustraciones y, además, todo sonaba de lo más apetitoso, lo aparqué en mi estantería de libros de cocina, casi resignada a liberarlo en mi próxima tanda de libros de Bookcrossing.

Por suerte, hace unas semanas, buscando otro libro, me topé de nuevo con el libro de las cookie jars, y de nuevo, recordando la rabia que me daba no comprender, me senté y le eché un vistazo. De pronto, como si un relámpago entrara en mi cabeza, lo comprendí todo. Las "Jars", en efecto, eran frascos, tarros de cristal como los de la mermelada, pero más grandes, en los que los americanos, tan apañados ellos, ponen parte de los ingredientes de las galletas, esos ingredientes que se conservan bien y caducan más tarde (harina, azucar, levadura, pasas...). A esos frascos se les añade una etiqueta (que se puede recortar del propio libro), donde se explica qué hacer con la mezcla, qué más ingredientes añadir (huevo, mantequilla...) y cómo hornear y a qué temperatura, o sea, la receta propiamente dicha. Estos tarros se usan en tierras norteamericanas para regalar, y curiosamente también son un clásico entre los estudiantes para sacar dinero, como aquí las papeletas en Navidad, y tambiém se usan como obsequio para dar la bienvenida a un vecino nuevo cuando te presentas diciendo eso tan socorrido y tan falso de "Estoy aquí al lado, para lo que te haga falta...". Vamos que te dan la receta medio hecha, pero te dejan a ti la gracia de la historia, lo más entretenido, algo con lo que ocupar una tarde fría y lluviosa de sábado: hacer la masa de las galletas, darles forma, hornearlas y comértelas.

Ni que decir tiene que después de darme cuenta y llamarme idiota unas cuantas veces, me lancé a hacer una de esas recetas. Me decidí por unas cookies con canela, gengibre, clavo, nuez moscada y pasas. ¿Resultado? Exito total: mis compañeros de trabajo, a los que de vez en cuando sorprendo con alguna sorpresa repostera, me las quitaban de las manos.

Pero, lo mejor de todo, en estas fechas en las que nos obligan a ser sorprendentes y originales con los regalos: una idea curiosa cuando ya no se te ocurre nada para regalar.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Abriendo boca

A pesar de que nunca me lo había planteado, la idea es tan buena y tan tentadora, que a partir de ahora este rincón, apartado de mi habitual ventana, servirá para ir dejando un camino de miguitas que, bien seguido, también terminará llevando hasta mí. De mi ventana a la puerta de mi cocina. No será éste un cuaderno para impresionar a los invitados, sino un bloc usado a diario, con las páginas llenas de salpicaduras de aceite, manchurrones de chocolate y las hojas dobladas por haber dejado una cacerola demasiado caliente encima. Recetas sencillas en algunas ocasiones, platos verdaderamente complicados a veces, pero en cualquiera de los casos, ingredientes diarios de mi vida.

Abierta queda esta ventana. Ojalá que los aromas que salgan de ella sean de lo más apetitoso y apetecible.

Bon appétit.