Cuando era pequeña comí mucho pescado. Casi a diario, por la noche. Una buena costumbre que no mantengo tan a rajatabla (una no es tan talibana como mi señora madre, qué se le va a hacer...), pero sí que me sigue gustando el pescado, mucho. Sin embargo, he ido diversificando un poco la manera de cocinarlo: mi madre casi el 100% de las veces lo hacía frito o rebozado. A mí me gustan especialmente los papillotes a la hora de guisarlo. La trucha también queda bien así, y esta receta creo recordar que la vi en su día en la web del Eroski, y me encantó por lo fácil y rica que queda. Además permite cocinar para uno, algo que no todo el mundo tiene presente en un universo cada vez más lleno de gente sola.
Ingredientes:
- 1 trucha limpia (sin espina)
- 1 trucha limpia (sin espina)
- 1 cebolla pequeña
- 2 cucharaditas de pesto (o más, según guste)
- Sal
- Un chorrito de zumo de limón
- Aceite de oliva
- Azafrán
Preparación:
- Se pide al pescadero que quite la espina a la trucha (o se compra ya así, cada vez hay más bandejas con las truchas limpias).
- Se lava al chorro del grifo, y se seca con papel de cocina.
- En una sartén se calienta un chorrito de aceite y se pocha la cebolla, hasta que esté blanda.
- En un rectángulo grande de papel de aluminio se pone la cebolla, encima la trucha sazonada y untada de pesto. Se añaden unas hebras de azafrán y un chorrito de zumo de limón. Se cierra el papillote.
- Esta trucha se acompaña muy bien con pasta. Unas cintas, nidos o coditos pequeños (las coquillettes francesas de Panzani son ESPECTACULARES. Lástima que aún no se encuentren por España...), simplemente cocidas, y mezcladas con la salsa de pesto y cebolla... Plato completo. Cena fácil y ligera.



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