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Rosquillas de anís

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Esta receta es la de mi madre, y es tan fácil y tan agradecida que no sé qué hacéis comprando bollería industrial todavía, la verdad...

Yo he reducido a la mitad las cantidades, porque salen muchísimas rosquillas. Aún así, con la mitad de todo, la última vez que las hice me salieron unas 15 (también depende de lo grandes que se hagan, claro). Demasiadas para mí sola, pero si sois muchos o tenéis buen saque, con doblarlo todo de nuevo, ya está.

Ingredientes:

  • 1 huevo
  • 2 cucharadas de leche
  • 2 cucharadas de anís
  • 2 cucharadas de aceite
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 1/4 de sobre de levadura Royal
  • Harina (la que pida la masa; ir añadiendo hasta que la masa no se pegue en exceso, y sea manejable).
Preparación:
  • Batir el huevo en una ensaladera.
  • Añadir la leche, el anís, el aceite, el azúcar y la levadura. Batir.
  • Incorporar la harina, poco a poco, mezclando, hasta que la masa no sea excesivamente pegajosa y la podamos sacar de la ensaladera y amasar en la encimera.
  • Calentar una sartén con aceite abundante.
  • Formar las rosquillas e ir friendo. No echar muchas rosquillas juntas a freír, porque la temperatura del aceite baja y no se hacen como es debido. Yo uso una sartén pequeña, en la que me caben unas 3 a la vez. 
  • El aceite debe estar bien caliente al principio, pero luego debe bajarse el fuego un poco mientras se fríen para que no se quemen por fuera y se queden crudas por dentro.

Pollo al cava

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Un pollo en salsa de cava (o sidra, que también con ella sale muy bien) y nata que, acompañado de arroz blanco, se convierte en un completo y sabroso plato único.

Ingredientes (para 2 personas):
  • 3 contramuslos deshuesados y hechos trozos de bocado
  • 1 lata pequeña de champiñones laminados o un puñado de setas secas rehidratadas, según gustos
  • 1 botellín de cava o sidra, según gustos
  • 1 buen chorretón de nata líquida
  • Harina para rebozar el pollo
  • 1 hoja de laurel
  • Sal y pimienta
Preparación:
  • Se sazona el pollo troceado con sal y pimienta, se enharina ligeramente y se fríe en una cazuela con un poco de aceite hasta que esté dorado, pero no demasiado churruscante, ya que tendrá que terminar de hacerse en la salsa. Se saca y se reserva.
  • Se echa un poco más de aceite y se saltean un poco los champiñones escurridos de la lata o del agua de hidratación durante unos minutos. Se vuelve a añadir el pollo a la cazuela.
  • Se echa el botellín de cava o sidra, una hoja de laurel y se tapa. Se deja cocer a fuego medio durante unos 25 minutos, moviéndolo un par de veces, para que no se pegue.
  • Se echa un buen chorro de nata líquida, se mezcla todo bien y se deja cocer unos 5 minutos más, hasta que la salsa esté bien ligada.

Patatas especiadas al horno

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Esta receta es sencilla y resultona a partes iguales. La vi en un libro de Karlos Arguiñano, y se ha convertido en una de mis favoritas para hacer las patatas como guarnición. Además, al llevar las patatas partidas por la mitad, se reduce considerablemente el tiempo dentro del horno, uno de los mayores inconvenientes a la hora de hacer patatas asadas cuando vamos con prisa. Yo uso patatas medianitas, y en 30 minutos las tengo listas (añade, eso sí, 10 minutos más para precalentar el horno). El resultado merece la espera.
Van muy bien como acompañamiento de carnes.

Ingredientes (para dos personas):
  • 4 patatas medianas o 2 grandes
  • Sal y pimienta
  • Pimentón dulce
  • Hierbas de Provenza 
  • Un chorrito de aceite de oliva
Preparación:
  • Se precalienta el horno a 200ºC, durante unos 10 minutos.
  • Mientras tanto, se lavan bien las patatas, porque van a ir al horno sin pelar. Se parten por la mitad, a lo largo. Con el cuchillo, se hacen unos cortes, en el interior.
  • En una bandeja de horno, se coloca un papel y se rocía con el chorrete de aceite. Se espolvorea con la sal, la pimienta, el pimentón y las hierbas de Provenza.
  • Se colocan las patatas sobre el papel y las especias, con la parte del corte tocando la bandeja y la mezcla de aceite y especias.
  • Se hornea unos 30-40 minutos, dependiendo de lo gordas que sean las patatas.



Ensalada de endivias y salmón ahumado

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Y de bastantes más cosas, en realidad. Pero no voy a contar la receta en el título, así que vayamos por partes. Esta ensalada la comí por primera vez en Francia, y es un clásico, al menos en mi familia de allí. La endivia cruda es algo bastante insólito todavía en España, aunque va entrando discretamente en las cartas de ensaladas, pero sigue asociándose a lo malas que están cocidas, con jamón y bechamel. Yo confieso que las odio profundamente así, amargan muchísimo y no me aportan nada. Pero como una de mis virtudes es no dejarme guiar por los prejuicios y dar una segunda oportunidad a lo que no me convence de primeras, cuando me pusieron delante una ensalada con las endivias como protagonistas, me animé a probar. Y menos mal, porque esta verdura cruda, bien lavada y, ojo, secando cada hoja bien, a mano, con un papel de cocina, no amarga nada. Al contrario, es un bocado fresco y crujiente, que al no tener un sabor muy definido, deja hablar al resto de los ingredientes que metas. Me encantó la combinación con el ahumado, las nueces y el queso. La manzana le da otro punto de frescor algo más ácido (vale cualquiera, pero la granny smith le va especialmente bien), y el conjunto es una ensalada muy original y completa, por el aporte de las proteínas del salmón.

Ingredientes: (para 2 personas)
  • Tres endivias
  • Media manzana (Granny Smith o Golden)
  • 50 grs. de salmón ahumado
  • Queso Comté cortado en dados, al gusto (podría servir un manchego semicurado)
  • Pasas de ciruela, cortadas en cuatro, al gusto
  • Nueces, al gusto
  • Vinagreta de mostaza
Ingredientes de la salsa vinagreta de mostaza:
  • 2 cucharaditas de mostaza de Dijon
  • 7 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 cucharadas de vinagre
  • Sal y pimienta
Preparación:
  • Separar las hojas de las endivias y lavar. Secar las hojas una a una con papel de cocina, es la forma de que no amarguen y no agüen la salsa. Trocear las hojas de endivia.
  • Pelar y cortar en dados la manzana.
  • Cortar en trocitos el salmón ahumado
  • Hacer dados el queso, partir las ciruelas y cascar las nueces, troceándolas también un poco, tampoco demasiado.
  • Mezclar la vinagreta con la ensalada y a disfrutar.
Preparación de la vinagreta:
  • En un tazón, poner la mostaza, el aceite, el vinagre, la sal y la pimienta. Mezclar hasta que se emulsione bien.
  • Echarlo en un bote de cristal con tapa. Cerrar y agitar con ganas. La salsa quedará mucho más cremosa, y puede guardarse lo que sobre (que sobrará).
  • Esta vinagreta va muy bien con cualquier ensalada, pero también con pescados cocidos en frío, por ejemplo.

Mi experiencia en los cursos de repostería de Viena Capellanes

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Para los que no son de Madrid, explicar que Viena Capellanes es una pastelería de las de toda la vida. Y no es una manera de hablar, es que ya estaba mucho antes de que yo naciera, y de que naciera mi madre, incluso mi abuela. Ha cumplido 140 años, así que hablamos con propiedad si la definimos así. Y también lo es porque, a pesar del tiempo transcurrido desde que la abrieron, sigue siendo una pastelería con productos de calidad. Artesanos, en el mejor y menos manoseado sentido de la palabra. A pesar de haber crecido muchísimo desde aquella primera tienda en la antigua calle Capellanes (hoy la calle de la Misericordia), aún conservan el toque manual en muchas de sus preparaciones y, lo que es más importante, la idea de que la calidad de las materias primas y el producto acabado es un factor fundamental que no se debe perder por el camino del beneficio. Y eso es tan sumamente raro, que destaca y asombra aún más en un mundo en el que se alardea de "natural", "artesano" o "casero" con una osadía y poca vergüenza que espeluzna. Y otro dato curioso: Viena Capellanes nunca fue una pastelería de barrio, en el sentido de barata y de calidad regulera, pero tampoco de las carísimas e inaccesibles. Y así sigue. Una relación calidad-precio más que buena, que mantienen sin subirse a la parra cuando, de hecho, podrían hacerlo. 

Todo esto, para contar que además de ofrecer sus productos en un buen puñado de tiendas por todo Madrid, Viena Capellanes decidió hace dos años compartir su sapiencia con quien quiera aprender, y han abierto una escuela. En ella, dan cursos de tres horas, no sólo de dulces, sino también de cosas saladas, porque también tienen su servicio de catering, sandwiches y comida para llevar. Los maestros pasteleros, cocineros y panaderos de la tienda, enseñan a preparar lo mismo que una puede encontrar en las tiendas. Sin pamplinas de "es un secreto que se transmite de generación en generación", ni similares. Con claridad y ganas de compartir. Yo, que he aprendido sola esto de cocinar, no me veo ya yendo a una escuela, pero sí que me animo cuando la cosa es breve y centrada en asuntos que me interesan, y así pasó con los cursos de Viena. La pastelería y la bollería son dos de mis grandes lagunas, por puro respeto a la técnica y al producto final (es lo que tiene ser muy perfeccionista, que si no me sale igualito, me cabreo...), así que me pareció bien intentar acercarme a la manera de hacer de un modo que, en los libros, no se ve igual, por muy bien que te lo expliquen. Así que, con la tontería, ya he estado en tres cursos de la escuela, y en otros dos organizados fuera, en el centro comercial ABC Serrano, y lo cierto es que ando fascinada con la candidad de cosas que he aprendido. Sigue imponiéndome muchísimo la pastelería y la bollería, soy consciente de mis limitaciones, pero aunque jamás logre que mis tartas salgan tan perfectas, o me de pereza ponerme a hacer macarons, podría hacerlos, y, lo que es mejor, en el camino he disfrutado mucho y he aprendido un montón de cosas que no sabía y que podré aplicar en otros terrenos, o a ideas mías. 

Ayer estuve en el último, precisamente de tartas. De las de toda la vida, las clásicas, de trufa, de manzana, de San Marcos y de limón. Ver ante tus ojos cómo aparecen de la nada las tartas con las que te has criado  y has cumplido años desde que eras una cría es una experiencia única. Y probarlas, y constatar que saben exactamente igual que las de la tienda, impactante. Si añadimos el buen ambiente de los cursos, lo bien organizados que están (con Sara Venegas y Ricardo Lence al frente, siempre atentos a que todo funcione como la seda), una puede hacerse adicta... como es el caso. 

Si os interesa, os dejo el link con información de los últimos cursos. Después del verano, volverán.

Y yo con ellos... :-)

(La foto la he tomado prestada del FB de Viena Capellanes, porque en las mías yo no salgo, claro...)