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Patatas especiadas al horno

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Esta receta es sencilla y resultona a partes iguales. La vi en un libro de Karlos Arguiñano, y se ha convertido en una de mis favoritas para hacer las patatas como guarnición. Además, al llevar las patatas partidas por la mitad, se reduce considerablemente el tiempo dentro del horno, uno de los mayores inconvenientes a la hora de hacer patatas asadas cuando vamos con prisa. Yo uso patatas medianitas, y en 30 minutos las tengo listas (añade, eso sí, 10 minutos más para precalentar el horno). El resultado merece la espera.
Van muy bien como acompañamiento de carnes.

Ingredientes (para dos personas):
  • 4 patatas medianas o 2 grandes
  • Sal y pimienta
  • Pimentón dulce
  • Hierbas de Provenza 
  • Un chorrito de aceite de oliva
Preparación:
  • Se precalienta el horno a 200ºC, durante unos 10 minutos.
  • Mientras tanto, se lavan bien las patatas, porque van a ir al horno sin pelar. Se parten por la mitad, a lo largo. Con el cuchillo, se hacen unos cortes, en el interior.
  • En una bandeja de horno, se coloca un papel y se rocía con el chorrete de aceite. Se espolvorea con la sal, la pimienta, el pimentón y las hierbas de Provenza.
  • Se colocan las patatas sobre el papel y las especias, con la parte del corte tocando la bandeja y la mezcla de aceite y especias.
  • Se hornea unos 30-40 minutos, dependiendo de lo gordas que sean las patatas.



Ensalada de endivias y salmón ahumado

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Y de bastantes más cosas, en realidad. Pero no voy a contar la receta en el título, así que vayamos por partes. Esta ensalada la comí por primera vez en Francia, y es un clásico, al menos en mi familia de allí. La endivia cruda es algo bastante insólito todavía en España, aunque va entrando discretamente en las cartas de ensaladas, pero sigue asociándose a lo malas que están cocidas, con jamón y bechamel. Yo confieso que las odio profundamente así, amargan muchísimo y no me aportan nada. Pero como una de mis virtudes es no dejarme guiar por los prejuicios y dar una segunda oportunidad a lo que no me convence de primeras, cuando me pusieron delante una ensalada con las endivias como protagonistas, me animé a probar. Y menos mal, porque esta verdura cruda, bien lavada y, ojo, secando cada hoja bien, a mano, con un papel de cocina, no amarga nada. Al contrario, es un bocado fresco y crujiente, que al no tener un sabor muy definido, deja hablar al resto de los ingredientes que metas. Me encantó la combinación con el ahumado, las nueces y el queso. La manzana le da otro punto de frescor algo más ácido (vale cualquiera, pero la granny smith le va especialmente bien), y el conjunto es una ensalada muy original y completa, por el aporte de las proteínas del salmón.

Ingredientes: (para 2 personas)
  • Tres endivias
  • Media manzana (Granny Smith o Golden)
  • 50 grs. de salmón ahumado
  • Queso Comté cortado en dados, al gusto (podría servir un manchego semicurado)
  • Pasas de ciruela, cortadas en cuatro, al gusto
  • Nueces, al gusto
  • Vinagreta de mostaza
Ingredientes de la salsa vinagreta de mostaza:
  • 2 cucharaditas de mostaza de Dijon
  • 7 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 cucharadas de vinagre
  • Sal y pimienta
Preparación:
  • Separar las hojas de las endivias y lavar. Secar las hojas una a una con papel de cocina, es la forma de que no amarguen y no agüen la salsa. Trocear las hojas de endivia.
  • Pelar y cortar en dados la manzana.
  • Cortar en trocitos el salmón ahumado
  • Hacer dados el queso, partir las ciruelas y cascar las nueces, troceándolas también un poco, tampoco demasiado.
  • Mezclar la vinagreta con la ensalada y a disfrutar.
Preparación de la vinagreta:
  • En un tazón, poner la mostaza, el aceite, el vinagre, la sal y la pimienta. Mezclar hasta que se emulsione bien.
  • Echarlo en un bote de cristal con tapa. Cerrar y agitar con ganas. La salsa quedará mucho más cremosa, y puede guardarse lo que sobre (que sobrará).
  • Esta vinagreta va muy bien con cualquier ensalada, pero también con pescados cocidos en frío, por ejemplo.

Mi experiencia en los cursos de repostería de Viena Capellanes

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Para los que no son de Madrid, explicar que Viena Capellanes es una pastelería de las de toda la vida. Y no es una manera de hablar, es que ya estaba mucho antes de que yo naciera, y de que naciera mi madre, incluso mi abuela. Ha cumplido 140 años, así que hablamos con propiedad si la definimos así. Y también lo es porque, a pesar del tiempo transcurrido desde que la abrieron, sigue siendo una pastelería con productos de calidad. Artesanos, en el mejor y menos manoseado sentido de la palabra. A pesar de haber crecido muchísimo desde aquella primera tienda en la antigua calle Capellanes (hoy la calle de la Misericordia), aún conservan el toque manual en muchas de sus preparaciones y, lo que es más importante, la idea de que la calidad de las materias primas y el producto acabado es un factor fundamental que no se debe perder por el camino del beneficio. Y eso es tan sumamente raro, que destaca y asombra aún más en un mundo en el que se alardea de "natural", "artesano" o "casero" con una osadía y poca vergüenza que espeluzna. Y otro dato curioso: Viena Capellanes nunca fue una pastelería de barrio, en el sentido de barata y de calidad regulera, pero tampoco de las carísimas e inaccesibles. Y así sigue. Una relación calidad-precio más que buena, que mantienen sin subirse a la parra cuando, de hecho, podrían hacerlo. 

Todo esto, para contar que además de ofrecer sus productos en un buen puñado de tiendas por todo Madrid, Viena Capellanes decidió hace dos años compartir su sapiencia con quien quiera aprender, y han abierto una escuela. En ella, dan cursos de tres horas, no sólo de dulces, sino también de cosas saladas, porque también tienen su servicio de catering, sandwiches y comida para llevar. Los maestros pasteleros, cocineros y panaderos de la tienda, enseñan a preparar lo mismo que una puede encontrar en las tiendas. Sin pamplinas de "es un secreto que se transmite de generación en generación", ni similares. Con claridad y ganas de compartir. Yo, que he aprendido sola esto de cocinar, no me veo ya yendo a una escuela, pero sí que me animo cuando la cosa es breve y centrada en asuntos que me interesan, y así pasó con los cursos de Viena. La pastelería y la bollería son dos de mis grandes lagunas, por puro respeto a la técnica y al producto final (es lo que tiene ser muy perfeccionista, que si no me sale igualito, me cabreo...), así que me pareció bien intentar acercarme a la manera de hacer de un modo que, en los libros, no se ve igual, por muy bien que te lo expliquen. Así que, con la tontería, ya he estado en tres cursos de la escuela, y en otros dos organizados fuera, en el centro comercial ABC Serrano, y lo cierto es que ando fascinada con la candidad de cosas que he aprendido. Sigue imponiéndome muchísimo la pastelería y la bollería, soy consciente de mis limitaciones, pero aunque jamás logre que mis tartas salgan tan perfectas, o me de pereza ponerme a hacer macarons, podría hacerlos, y, lo que es mejor, en el camino he disfrutado mucho y he aprendido un montón de cosas que no sabía y que podré aplicar en otros terrenos, o a ideas mías. 

Ayer estuve en el último, precisamente de tartas. De las de toda la vida, las clásicas, de trufa, de manzana, de San Marcos y de limón. Ver ante tus ojos cómo aparecen de la nada las tartas con las que te has criado  y has cumplido años desde que eras una cría es una experiencia única. Y probarlas, y constatar que saben exactamente igual que las de la tienda, impactante. Si añadimos el buen ambiente de los cursos, lo bien organizados que están (con Sara Venegas y Ricardo Lence al frente, siempre atentos a que todo funcione como la seda), una puede hacerse adicta... como es el caso. 

Si os interesa, os dejo el link con información de los últimos cursos. Después del verano, volverán.

Y yo con ellos... :-)

(La foto la he tomado prestada del FB de Viena Capellanes, porque en las mías yo no salgo, claro...)

Pasta con salsa de tomate, atún, anchoas y alcaparras

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No soy mucho de pasta, pero esta salsa de tomate enriquecida con atún, anchoas y alcaparras la disfraza de maravilla. 

Ingredientes (Para 2 personas)
  • 120 grs. de pasta (macarrones, lacitos...)
  • Un bote de tomate natural triturado
  • Una lata de atún en aceite
  • Una lata de anchoas en aceite
  • Dos cucharaditas de alcaparras
  • Dos dientes de ajo
  • Aceite de oliva
  • Sal
Preparación:
  • En una sartén con un chorrete de aceite, sofreír un poco dos dientes de ajo picados. Echar las anchoas troceadas y mover un poco, hasta que se medio deshagan. Añadir el tomate, dar unas vueltas y echar el atún y las alcaparras. Dejar cocer todo junto a fuego medio durante unos 10-15 minutos, hasta que haya reducido un poco y la salsa tenga buena textura.
  • Cocer la pasta según las indicaciones del fabricante. Escurrir y mezclar con la salsa. 

Couscous de pollo y verduras

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Muchos franceses con los que he hablado, no entienden cómo estando mucho más cerca de Africa que ellos, en España el couscous no sea un plato popular y tradicional, como puede serlo el cocido o la fabada. De hecho, en allí en la Galia es un plato fijo durante la semana en los sitios con menú del día, como pasa con la paella aquí, los jueves. Yo he intentado explicarles que nuestra relación con el mundo árabe arrastra muchos siglos de desencuentros, expulsiones y mala predisposición hacia todo lo que huela a moro. 

Así que, enfrentándonos a la historia, ¿por qué no disfrutar de un plato tan rico? Por cierto, también congela estupendamente, la guarnición, claro. La sémola se prepara "en directo", por supuesto.

Ingredientes (para 4-5 personas):
  • 4 contramuslos (o medio pollo en trozos, como para ajillo)
  • 1 calabacín mediano
  • 2 nabos
  • 4 zanahorias
  • 1 cebolla mediana o dos puerros (con cualquiera de los dos, queda bien)
  • 1 bote de garbanzos cocidos
  • 1 latita de concentrado de tomate
  • 1 cucharadita de Ras-Al-Hanout o Quatre Epices
  • 1 pastilla de avecrem o caldo de verduras
  • Un poco de harissa (más o menos según guste el picante)
  • 1 chorrito de aceite de oliva
  • 600 grs. de sémola para couscous
Preparación: 
  • Pelar y lavar las verduras. picar la cebolla (o el puerro) y trocear en cubos grandes el calabacín, los nabos y las zanahorias. Trocear los contramuslos.
  • Rehogar en un poco de aceite la cebolla (o el puerro) y los trozos de carne, hasta que estén dorados. Añadir agua (1 litro, aproximadamente), la pastilla de avecrem, el concentrado de tomate, las especias, la harissa  y las verduras. Dejar cocer a fuego lento unos 40 minutos. Añadir los garbanzos, escurridos y lavados y dejar cocer 10 minutos más. Dejar cocer unos minutos para que se mezclen bien los sabores.
  • Servir con la sémola preparada según las instrucciones del paquete.